Primero, un zumbido. Después, el impacto de decenas de kilos de explosivos. En Irán, en Ucrania, ahora en los despachos del Pentágono, la conclusión es la misma: el arma más decisiva sobre el terreno ya no es la más sofisticada, sino la más barata. Y Occidente ha decidido aprender del enemigo. Ha comenzado una nueva era: la del combate masivo, autónomo y de bajo coste Leer
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